¿Radiología sin radiólogos?

Reflexión de Jose Luis del Cura, presidente de la SERAM, en la Gaceta Médica

Los avances en la transmisión de información han hecho posible enviar complejas exploraciones a distancia. Hoy en día, la telerradiología permite que cualquier exploración pueda ser estudiada e informada por un radiólogo situado incluso a miles de kilómetros.

Para los gestores, la telerradiología abre otra posibilidad: prescindir del radiólogo local y subcontratar el informe de las pruebas realizadas, de modo que los centros radiológicos tendrían personal técnico y los informes los harían empresas externas con radiólogos contratados. El informe radiológico se convertiría así en una especie de materia prima, que se contrataría al mejor postor y que permitiría reducir costos gracias a la competencia entre empresas de todo el mundo. La realidad es que esto no es el futuro: ya hay aquí centros que funcionan así.

Aunque aparentemente tiene ventajas, este esquema se basa en varias falacias que conviene conocer. La primera es que la actividad del radiólogo se limita a informar. Y no es así. El radiólogo desempeña un papel antes, durante y después de la exploración. Es responsable de planificar las exploraciones, de personalizarlas para cada paciente. Las variables de una exploración (secuencias, contraste, técnica, reconstrucciones,…) son múltiples y no siempre protocolizables. De esta personalización puede depender que la prueba sea finalmente valorable o no.

El radiólogo es además responsable legal de la justificación de las exploraciones. Orienta hacia una u otra exploración o técnica, ayudando en el manejo del paciente. Asimismo actúa como “servicio posventa”. Lo que los clínicos más aprecian del radiólogo es precisamente poder consultar con él las exploraciones de un caso. Y eso, aunque posible, es difícil cuando el radiólogo está lejos.

Otra falacia es que todos los informes son iguales. Nada más inexacto. El informe radiológico se basa en la interpretación, y esta interpretación está ligada al factor humano y la experiencia. Es sabido que una misma exploración puede ser informada de manera diferente por distintos radiólogos. Además, la complejidad de la radiología hace muy variable el grado de experticia de los radiólogos, dependiendo del área que se trate, y que sea muy diferente el informe si una exploración cerebral, por ejemplo, la valora un neurorradiólogo o no.

Tanto para clínicos como para pacientes es muy importante conocer quién está detrás de un informe. Eliminando a los radiólogos locales y contratando la radiología sólo por su precio el resultado será una radiología barata, pero de saldo. Con exploraciones inespecíficas en las que el informe de un experto valdrá lo mismo que el de un radiólogo bisoño. Y lo que parece un ahorro a corto plazo es al final más caro. La medicina moderna sigue necesitando radiólogos que estén presentes, que puedan ser consultados y en los que los clínicos puedan confiar. Los médicos, y también los pacientes, deberían preocuparse de conocer quién es su radiólogo. Les interesa mucho más de lo que parece.

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