¿Cómo nació la primera prótesis de porcelana?

Extracto de un excelente texto de la BBC

Tradicionalmente, antes del siglo XVIII reír era desdeñoso: alguien se ríe del otro, de su situación, de cuán ridículo es.

En las artes plásticas, había estado en boga la idea de que la mejor forma de mostrar la personalidad y el carácter de alguien era en reposo: si estaba sonriendo o gritando, el artista terminaba pintando el gesto, no a la persona. Se pensaba que la esencia del individuo no era fielmente expresada con una emoción pasajera. Sin embargo, Louise Élisabeth Vigée LeBrun -considerada por algunos como una la pintora más importante del siglo XVIII y ciertamente una de las más exitosas artistas de una época en la que ser mujer era un obstáculo- tenía otra visión de la sonrisa.

Vigée LeBrun

A Madame Vigée LeBrun le entusiasmó otra corriente que en esa época estaba muy presente en la literatura, según la cual los sentimientos son los que muestran el verdadero yo… la gente a menudo está llorando en las representaciones del siglo XVIII pero, de hecho, la sonrisa tiene el mismo valor expresivo.

Sin embargo, si lo que se quería mostrar era algo agradable, había que tener dientes blancos.

Y precisamente, en ese momento en Francia, particularmente en París, se pasó de la extracción dental a la odontología. Una palabra nueva en francés aparece en ese siglo: dentistería.

El cuidado de la boca hasta ese punto era bastante básico: la gente se frotaba los dientes diariamente con un trapo, o usaban un palillo para limpiar las muelas, y eso era todo. Si empezaba a doler, había pociones pero si no se calmaba, la única solución era la extracción.

A partir de la década de 1720, un grupo de gente con conocimientos de cirugía se autodenominaron dentistas y ofrecían lo que hoy reconocemos como odontología moderna, que es preventiva -calzas, blanqueadores, ortodoncia- y que de alguna manera considera la extracción de muelas como un fracaso.

Nicolas Dubois de Chémant

A finales del siglo, un cirujano parisino, Nicolas Dubois de Chémant, tuvo una experiencia desagradable. Era 1788 y tuvo que pasar una velada con una dama de la alta sociedad con dientes artificiales y una halitosis muy fuerte. Se le ocurrió entonces que era posible hacer dientes de porcelana para usarlos en vez de las apestosas y perecederas prótesis hechas de dientes humanos o de huesos de animales que se utilizaban hasta entonces en las dentaduras.

Para 1789, tras varios experimentos en los que apeló a la pericia de la prestigiosa fábrica de porcelana Sèvres, los “dientes incorruptibles” eran una realidad.

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